Athan siguió hacia adelante en guardia. Le temblaba la mano, estaba claramente asustado. Le seguí, aunque estaba totalmente indefensa, había olvidado mis armas en las cabañas musgosas, además de estar magullada por todos lados. Un sonido fantasmal se oyó y el eco resonó por todo el pasillo. Ambos nos estremecimos. Cuando éramos incapaces de ver más allá nos detuvimos y escuchamos afuera la voz de Eunice llamándonos. Nos giramos y vimos a lo lejos las siluetas de los cuatro jóvenes, Alexander con una pequeña llama flotando en la palma de su mano.
-¿No habíamos quedado en la entrada? - Resopló Eu, pegándole un pellizco a Athan.
-Es igual, estamos aquí - Intervino Alexander - Y ciertamente sí que es algo muy interesante - giró sobre si mismo, contemplando a su alrededor con curiosidad - Pero me temo que será inútil. No conozco esa simbología, debe de ser o muy antigua o muy moderna.
Pasó las manos por las paredes, palpando los grabados, para luego seguir adentrándose. Le seguimos con cierta curiosidad y temor.
-No me agrada este lugar. Tiene una atmósfera muy pesada, como si el aire ejerciera más presión de lo normal - Añadió Eva.
Era anormal escuchar hablar a Eva, por lo que esto aumentó aún más nuestra inquietud. Debía de haber algo allá, más adelante, pero ¿Qué sería? ¿Nuestra muerte, quizás? Me recorrió un escalofrío y apreté los dientes. Presentía que algo malo iba a ocurrir, y suelo acertar. Seguimos andando largo rato hasta que el camino descendía en unas escaleras que parecían no tener fin. Nos miramos unos a otros interrogantes ¿Debíamos seguir? Alexander comenzó a descender, así que todos le seguimos.
-¿Quién demonios ha construido algo tan profundo? ¿Y por qué? - Se quejó Eunice - Luego tendremos que subir. Y lo siento mucho pero, Athan, vas a tener que cargar conmigo porque no soporto subir escaleras...
Athan reprimió una mueca. Se rascó la nuca y objetó que le dolía la espalda. Eunice le pegó otro pellizco y se quejó. Agradecía que ambos hiciesen el ambiente un poco más sereno... Sólo de pensar que podría haber hecho este viaje solamente con Eva, Alexander y Gilbv, quienes apenas mencionaban palabra...
Por fin llegamos al final de aquellas escaleras. Llegamos a una amplísima sala redonda con aquellos símbolos aún en sus paredes de roca. En el suelo, justo en el centro, había un círculo con un grabado muy extraño, pero familiar. Recordaba haberlo visto en algún lugar, pero no exactamente dónde. Una ventisca nos cegó a todos y todo el lugar se llenó de una neblina densa de un color miel, que brillaba intensamente, provocando pequeños destellos y reflejándonos en ella. Moví la mano. La neblina parecía dibujar figuras extrañas a nuestro alrededor.
- Magia - explicó Eva.
- Tened extremo cuidado. Tiene pinta de haber algo encerrado aquí - Añadió Alexander.
Eunice sacó la espada de la funda.
- ¿"Algo"?
- Algo que probablemente quiera comernos - Contestó Gilbv.
Oímos de nuevo aquel quejido inhumano. Athan y yo volvimos a estremecernos. Parecía estar muy cerca, diría que hasta en la misma sala. Me llevé la mano a la pierna para de nuevo buscar mis armas, que había dejado a las afueras. Pero algo sorprendente había sucedido. Las heridas habían desaparecido sin dejar cicatriz. Quizás había sido cosa de la savia, pensé.
La sala ahora se distinguía a la perfección gracias a aquella extraña niebla, y se veían tres caminos diferentes; norte, este y oeste.
-¿Y bien? ¿Deberíamos separarnos? -Preguntó Eunice, inquieta.
-Creo que es lo mejor. Gilbv y tú iréis por el norte, Eva y Athan por el este y Evanthe y yo iremos por el oeste - Cogió del brazo a los dos muchachos - He introducido algo de mi magia en vuestro interior, así podré saber vuestra localización y si algo está ocurriendo. Sed cuidadosos, no sabemos qué puede haber aquí. Si encontráis algo como una puerta con una cerradura... cualquier cosa, usad esto - Y dió a ambos una especie de amuletos con algo escrito - Esto os ayudará.
Ambos asintieron y cada pareja fue por un camino diferente. Sentí que el nerviosismo aumentaba, hasta el punto de que quería gritarle a alguno de ellos que sería mejor que no nos separásemos. Por alguna razón Alexander me ponía de los nervios. Comenzamos a andar lentamente, sin hacer ningún comentario en todo el tiempo. Miré hacia arriba; era un lugar muy alto, de hecho no podía distinguir el techo. El camino desembocó en dos escaleras con estatuillas de barro a ambos lados. Dibujaban unos personajes alados, de ojos rasgados y con enormes colmillos.
- ¿No te resulta extraño?
Preguntó él.
- ¿A qué te refieres?
- Yo, un gran conocedor del mundo, alguien que ha viajado eternamente por milenios, que ha conocido todas las lenguas habidas... ¿Cómo es posible que no sepa nada de esta?
Lo dijo como si se tratase de una adivinanza.
- No lo sé. A lo mejor hubo aquí una civilización que quería que nadie supiese de su existencia.
Hubo una larga pausa.
- ¿Por qué querrían tal cosa? ¿Acaso piensas que podrían vivir en este lugar infértil eternamente?
- Por lo visto no lo consiguieron. ¿Ves a alguien aquí ahora mismo?
Alexander reprimió una carcajada.
- No, y tampoco veo sus restos.
Sonrió de medio lado. Parecía dispuesto a hacerme entrar en pánico.
-Relájate. Tengo mucho que contarte, y no voy a matar a alguien que ya está muerto. Aunque sería un placer arrebatarte de tu terrible destino. Ese maldito Tyr sí que era inhumano...
Y volvió a reir.
-Y se quejan de mí. Venga ya, vale que maté a todos aquellos dragones y absorbí sus almas pero al menos tuve la decencia de no rebajarlos al tamaño humano y ponerles destinos tan horribles... ¿No es inhumano?
- ¿De qué hablas?
Empezaba a sentirme mareada, y a punto de estallar. Me dolía la cabeza, y me daba vueltas, y aquella neblina no hacía más que reflejar cosas extrañas...
- Todo a su tiempo, mi amada Aria.
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