Me desperté con las voces de Eunice y Athan. Debido a la humedad mi ropa aún seguía mojada y más encima, estaba rasgada por todos lados. Me ardía el cuerpo por culpa de las numerosas raspaduras y arañazos que tenía por todos lados. Me puse de rodillas e intenté levantarme, pero no pude, por alguna razón.
- ¡Evan! - Oí. Vi venir corriendo a Eu seguida de Gilbv y Athan. Todos parecían muy preocupados - Dios mío ¿Qué ha pasado? Rápido, debemos llevarla a la cabaña para que Alexander le eche un vistazo a esas heridas.
-¡No! ¡Estoy perfectamente, en serio! Sólo son heridas superficiales y curarán enseguida.
Eunice arrugó la frente.
-No seas estúpida. Esas heridas parecen algo más que superficiales, de hecho, me parece que la razón por la que no puedes levantarte es porque has sangrado más de la cuenta. - Cogió mi brazo y se rodeó con él, ayudándome a levantarme - Además, podrías contagiarte de algo. Recuerda que no estamos en territorio conocido, y que no debemos retrasarnos. No correremos ese riesgo.
Rápido. Tenía que pensar en alguna distracción. No podía dejar que el Asesino de Dragones viese unas heridas que sabía que reconocería al instante. Y no creo que fuese buena idea hacer saber a el supuesto exterminador de dragones que anda uno suelto por ahí y que es un conocido mío.
-¡No, espera! Hay algo más importante que esto. He encontrado un pasadizo muy extraño no muy lejos de aquí... Es una cueva, está llena de símbolos extraños en las paredes y...
Ella arrugó más la frente.
-Creo que Alex podría descifrarlos y serían de ayuda. De todos modos, estamos aquí y no perdemos nada por intentar ver qué hay al otro lado.
Esto pareció convencerla, aunque seguía dubitativa. Finalmente asintió.
-Gilbv, si no te es molestia... ¿Podrías ir en busca de Alex y Eva? Diles que luego recogeremos las armaduras y retomaremos el camino, pero que hemos encontrado algo que podría resultarles interesante.
-Sin problema - Y echó a correr.
Athan se quedó allí sentado durante largo tiempo, mirándome con nerviosismo. Finalmente se levantó y acercó a ambas, rígido y claramente incómodo.
-Creo que al menos deberíamos limpiar las heridas y poner algunos trapos de tela encima. Es cierto que en estos climas tropicales pueden contraerse todo tipo de infecciones, incluso alguna de ellas podría ser mortal - Hizo una pausa. Había hablado increíblemente rápido, con una vocecilla temblorosa que indicaba una personalidad insegura de sí misma. - Incluso podríamos usar la savia de estos árboles para crear un bálsamo que proteja esas heridas. No tienen buena pinta.
Eunice le aplaudió, cosa que pareció asustarlo. Seguramente también era la primera vez que veía aquel gesto, o al menos, no recordaba haberlo visto antes.
Desde que Athan se había unido al grupo Eunice se había encargado de enseñarle todo tipo de expresiones, de explicarle el mundo tal y como era. Ella también parecía estar en contra de lo que El Inmortal había hecho, pese a que no era algo necesariamente malo pero sí que estaba fuera de toda ética. Había matado a alguien para revivirlo y posteriormente convertirlo en su esclavo, seguramente contando que Athan seguiría siendo aquel muchacho ignorante que él había creado. Y justamente por intentar que este tuviese una personalidad lo suficientemente fuerte como para algún día escapar de la esclavitud para la que había sido creado, era por lo que Eu se esforzaba en ello.
El joven asintió, claramente avergonzado.
Entre ambos se esforzaron por lograr hacer una hendidura en aquellos troncos, hasta que un líquido blanco y viscoso salió de estos. Cogieron una hoja grande y colocaron el líquido en ella, luego aplicándomela encima de todas las heridas. Ardía mucho, pero era buena señal, significaba que estaba curando. Luego Athan improvisó unos trapos con nuestras camisetas y los colocó en las heridas más grandes. Les llevé hasta el puente levadizo y señalé con el dedo a aquel misterioso lugar. Eu suspiró con pesadez.
-Otro maldito puente de cuerdas. ¿Por qué demonios no construyen algo más estable? - miró a Athan y le pegó un empujonazo - quédate aquí con la señorita. Yo iré a buscar a los otros dos y nos encontraremos aquí. ¿Vale?
Asintió. Se despidieron de un choque de manos y este cruzó el puente mientras la joven corría hacia el interior del bosque. Me adentré un poco en la cueva y me detuvo.
-La Gran Eunice dijo que esperásemos en la entrada. Podría ser peligroso ir solos.
La Gran Eunice pensé. Reí por lo bajo y le dí unas palmaditas en la espalda con suavidad.
-No siempre tienes que obedecer lo que te manden a hacer. Puedes pensar por ti mismo, y hacerlo. Eres libre, porque puedes pensar. Si simplemente esperas a que los demás te digan qué tienes que hacer y hacerlo sin rechistar es porque no estás viviendo realmente.
Él no pareció entenderlo, pero no me detuvo cuando seguí adentrándome, es más, me siguió. Llegué hasta la zona donde la cueva desaparecía para desembocar en aquel pasadizo construido en un suelo de baldosas rojas y una gran variedad de colores en las paredes. Oí un ruido extraño y seguido una ventisca nos golpeó a ambos. Athan sacó la espada apuntando a ciegas y yo intenté agudizar la vista, porque aunque no viese nada, sabía que ahí adelante había algo.
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