lunes, 17 de febrero de 2014

Capítulo VI

Pasaron varios días desde que perdimos de vista la muralla de Era y todavía no habíamos atravesado la pradera de Lux. Pese a todo lo que habíamos andado, si dirigíamos la vista hacia atrás aún se veía en la lejanía nuestra torre de entrenamiento, con un tamaño ahora no muy mayor al de un lápiz, y ahora sí que parecía tener un fin. Y cuando mirábamos hacia adelante veíamos las grandes montañas, introducidas por nuestro próximo destino: la Selva de Grimore. Durante nuestra travesía habíamos visto todo tipo de seres, unos de ellos agresivos, otros amistosos, otros asustadizos... y no habíamos tenido ningún altercado porque Alexander parecía imponer de tal manera que hasta una quimera de gran tamaño había huido despavorida ante la mirada de éste. Me pregunté entonces qué sería él, que habría ocurrido en realidad hacía milenios y si realmente viviría para siempre. Sin embargo, había otro motivo de mi curiosidad, y e que El Sujeto me detenía cada vez que preguntaba al Asesino de Dragones por su pasado e incluso notaba una pizca de temor en su rostro cuando este dirigía la mirada hacia atrás, solamente para contemplar el progreso de nuestra marcha.
Hablando del Sujeto... Desde aquel día en el que vi su primera expresión he descubierto muchas otras. Puede ser que ahora sea más expresivo, o que quizás he aprendido a descifrar los mínimos surcos que se forman en su rostro para así saber en qué piensa. Podría decirse que me he hecho más cercana pero aún así todavía no me ha dirigido la palabra. En realidad, tampoco había tenido ocasión de hablarle teniendo en cuenta que nadie excepto yo misma puede verle, y no me arriesgaría a que los demás piensen que la travesía me está secando el cerebro.
Pasaron otros dos días de acampada bajo un cielo iluminado de estrellas y una noche llena de luciérnagas, sin ninguna alteración, con una marcha continua... y al tercer día algo cambió.

No muy lejos de nosotros una inmensa nube de color negro se aproximaba rápidamente. Había visto algunos rayos caer a lo lejos y también había visto a Alex palpar el aire con los dedos, como sintiendo el aire. No era normal verle hacer otra cosa que no fuese caminar ya que ni dormía. ni comía, apenas hablaba y no parecía tener ninguna necesidad fisiológica.
Finalmente la nube nos alcanzó y se desató una tormenta sobre nuestras cabezas. Todos los seres a nuestro alrededor parecieron desaparecer y ahora sólo nosotros caminábamos bajo una intensa lluvia carmesí. El joven de la armadura negra se llevó la mano a la empuñadura de la espada que tenía en su espalda, con inquietud. Tampoco eso era normal. Por la actitud de mis dos compañeros llegué a la conclusión de que aquella lluvia presagiaba algo verdaderamente malo.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos por un rayo que cayó justamente delante de Alexander, quien no se alteró. Se levantó una ventisca que nos impidió seguir caminando y tras haberse calmado esta, oímos una carcajada ronca y desagradable. Frente a nosotros, de un charco de líquido rojo, se formó una sirueta humana que al poco tiempo comenzó a solidificarse hasta formar a un hombre barbudo, tuerto y jorobado. Este portaba una armadura oriental y un casco con cuernos. Levantó la mirada dejando ver su piel grisácea, y unos ojos rojos que brillaban como rubíes. Sonrió de manera desagradable, dejando ver una fila de dientes de oro. Portaba en la mano derecha una espada oriental manchada de una sangre ya oxidada, pero que aún así no desmejoraba aquella katana de una belleza hipnótica.
Hubo un silencio tenso. Alexander apartó la vista de él, girando sobre sí mismo para advertirnos de algo. Algo que no alcanzó a salir de su garganta, porque el sujeto ya se había abalanzado sobre nosotros con gran rapidez. Pasó por el lado de Alex, de Eva y esquivó a Eunice sin darle siquiera una oportunidad y sus ojos se clavaron en Él.  Sentí un empujón y seguido un choque de espadas. La espada de Eunice, la del sujeto y la katana quedaron entrelazadas , unas detenidas por otras. Eunice frunció el cejo al ver como la katana del demonio se había quedado paralizada en el aire y como la suya simplemente había pasado por debajo.
Aproveché el momento para sacar uno de los cuchillos que llevaba en la pierna y apunté a su cuello. Sentí una mano pesada en mi hombro, me echó hacia atrás con fuerza y caí al suelo de espaldas. El cuchillo cayó al suelo sin haber rozado otra cosa que el aire y encima mía estaba aquel chico.
Alexander entrecerró los ojos y desenfundó su espada, seguido imitándole Gilbv. Eva no daba crédito a lo que sus ojos veían; aquel demonio estaba luchando contra la nada, y la nada estaba rechazando todas aquellas estocadas de una fuerza brutal.
Me deslicé bajo el cuerpo de aquel hombre hasta salir por el otro lado. Volví a por el cuchillo apresuradamente. Después de cogerlo levanté la mirada y me quedé helada.
Alexander parecía haber entrado en cólera. Una intensa ira se dibujó en su rostro, acompañada de un temblor. Estaba sujetando su espada con tanta fuerza que no supe cómo aquella empuñadura no se partió en dos. Con una velocidad imposible de captar pasó por nuestro lado y atravesó al hombre, dejando la punta de su hoja a un milímetro del estómago de mi guardián. Ambos parecieron mirarse a los ojos fijamente, sin flaquear. ¿Alexander podía verle, así de repente? ¿O simplemente había estado ignorándolo durante el principio? ¿Iba a matarlo?
Sacó la espada manchada de sangre del demonio atravesado, que se desplomó al suelo silenciosamente, y la agitó para que la sangre se deslizara por su hoja. Su rostro cambió. Sonrió divertido y me dirigió aquella mirada, para luego proseguir la marcha.
Eva y Gilbv le siguieron, mientras Eunice parecía no entender nada de lo que había sucedido, el Sujeto guardaba la espada y yo estaba allí, confundida por aquella mirada.

-Levántate, Inútil. Ahora servirás para mí. - Añadió Alex.

Miré al cuerpo que reposaba en el suelo, envuelto en un charco de sangre. Este empezó a convulsionar y luego se quedó quieto. Luego noté un crujido, y un trozo de aquel hombre se desprendió de él. Seguido escuché otros muchos crujidos. Y ante mis ojos alguien parecía estar saliendo de una cáscara, como un pollo saliendo de su huevo. Aún tirado en el suelo, un joven de pelo claro había roto aquel cuerpo. Hizo un ademán de levantarse pero los brazos le flaquearon. Abrió los ojos, los tenía azul claros, y empezó a lamer la sangre que había a su alrededor, ansioso. Después de haber terminado se levantó, ya recuperado. Estaba muy pálido, y tenía unas ojeras rojas en sus ojos. El Inmortal le dirigió una mirada despectiva.

-Te llamarás Athan. Tendrás un carácter débil, pero leal. No recordarás haber sido un demonio que baña los parajes con la sangre de sus vencidos. Nada de lo que eres ahora refleja lo que eras antiguamente.Tu misión será protegerme con tu vida. No tienes familia. Ningún lazo en este mundo. Pese a tener un carácter débil serás de una fuerza equivalente a la señorita aquí presente - señaló a Eunice - y no se te permitirá experimentar todo tipo de emociones innecesarias. También...
Hizo una pausa.
"...Al contrario que otros, tú podrás hablar."

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